El primer año de guardería, un reto para la paciencia de los padres

Antes de empezar y para que no os asustéis, el sistema inmune de vuestros hijos saldrá airoso de la inmensa mayoría de infecciones a las que se va a enfrentar en el primer año de guardería. Otra cosa será vuestra paciencia… Pero para eso estamos aquí, para mostraros lo que va a pasar en este periodo de la vida de vuestros hijos lleno de fiebres, catarros, gastroenteritis y manchas en la piel.

La gran mayoría de los niños acaba acudiendo a la guardería antes de entrar al colegio “de los mayores”. Dependiendo de la exigencia laboral de los padres, el apoyo de los abuelos o, simplemente, de los deseos de esos padres de descansar de sus hijos unas horas al día, algunos lo harán desde los 6 meses de edad y otros con 1 o 2 años de vida. Al final, todos tendrán que pasar por ese trance que supone entrar en contacto con otros niños y la posibilidad de contagiarse de múltiples infecciones.

Este hecho, el que un niño se ponga malo muchas veces durante el primer año de guardería es tan común que hasta se le ha bautizado con un nombre: el síndrome de la guardería, y hace referencia a la impresión que tienen los padres de que sus hijos están siempre enfermos.

¿Cuántas veces se pone enfermo un niño en su primer año de guardería?

Aunque parezca mentira, un niño que acude a la guardería por primera vez se contagia de media de unos 10-12 procesos infecciosos. La gran mayoría (90-95%) están provocados por virus y entre ellas, las infecciones de las vías respiratorias altas -también llamadas catarros– son las que vemos con más frecuencia.

Enfermedades como la gastroenteritis, la bronquiolitis, la gripe, la otitis y la faringitis son otras infecciones que suelen pillarse con mucha frecuencia los niños que acuden a guardería. La gran mayoría de estas infecciones se curarán solas con el paso del tiempo aplicando un tratamiento sintomático y sin tomar antibiótico. Además de estas infecciones con nombres vulgares, existen otras con nombre propio como la varicela, el pie-mano-boca o el megaloeritema, infecciones a las que nosotros llamamos Sospechosos Habituales.

¿Y por qué se pone tanto enfermo un niño que acude a guardería por primera vez?

Aquí hay tres factores muy importantes a tener en cuenta.

Por un lado, el propio niño. Un crío que no haya ido nunca a guardería (y que no tenga hermanos mayores que le puedan contagiar…), nunca o casi nunca se habrá puesto enfermo. Esto hace que el sistema inmune, esa parte de nuestro organismo que nos defiende de las infecciones, no haya entrado en contacto con la gran mayoría de los virus que campan a sus anchas en una guardería y por tanto, cuando ese niño se expone por primera vez a una de esas infecciones con las que no ha tenido contacto, se contagie y caiga enfermo con mucha probabilidad. Con el paso de los meses, vuestro hijo habrá “pasado” un montón de virus dejando un recuerdo en el sistema inmune que evita, en la mayoría de los casos, que caiga enfermo por las mismas infecciones cuando se vuelve a encontrar con ellas.

El otro factor importante es el ambiente. La guardería es el lugar perfecto para que un virus se expanda. De hecho, se calcula que cuando una infección de este tipo la padece un niño de la guardería, hasta el 70% de sus compañeros se acaba contagiando. Esto ocurre porque en una guardería los niños están en un contacto muy estrecho durante muchas horas al día compartiendo juguetes o, incluso, chupetes y vasos de agua.

En más de una ocasión os hemos explicado que la forma de transmisión de los virus es básicamente por dos mecanismos: a través del contacto con las secreciones (mocos, saliva, heces…) de un niño enfermo o por inhalación de unas microgotitas que mandamos al ambiente cuando estamos enfermos al toser o al hablar. Como ya hemos dicho, los niños en una guardería están en un contacto tan estrecho que hace inevitable que “compartan” secreciones con otros niños y se acaben contagiando.

El último factor determinante es el frío ya que, la gran mayoría de estas infecciones ocurren durante los meses fríos del año (en el hemisferio norte de octubre a marzo) por lo que es mucho más probable que estas enfermedades aparezcan cuando vuestros hijos estén en periodo escolar y os den una tregua en verano.

La paciencia de los padres a prueba: “mi hijo siempre está enfermo”

Hasta ahí todo bien. Seguro que estás pensando que 10-12 episodios infecciosos en un año no son para tanto. Sin embargo, hay que tener en cuenta lo que dura cada proceso para darse cuenta de la cantidad de días que vuestros hijos estarán con fiebre, tos y mocos a lo largo del año. Veamos…

Un catarro viene a durar unos 15-20 días. De estos, los 3-5 primeros días suelen ir acompañados de fiebre mientras que durante el resto del tiempo, son los mocos y la tos los predominantes. Echemos cuentas: 15 días por cada proceso infeccioso y 10 procesos al año…. nos salen alrededor de 150 días al año en los que el niño tiene mocos. ¿No te haces a la idea de cuántos son?, pues son 5 meses enteritos, vamos, la mitad del año con el niño con las “velas” puestas. También ten en cuenta que tendrán fiebre unos 30-50 días.

No te queremos asustar porque, como ya hemos dicho al principio, la gran mayoría de estas infecciones son banales y se curarán solas. La dinámica habitual durante estos procesos es que tu hijo se ponga enfermo y se recupere al cabo de una o dos semanas, pase bien uno o dos días y vuelva a caer enfermo. Ahí es donde entra en juego la paciencia de los padres ya que a muchos de ellos les dará la sensación de que su hijo está siempre enfermo y que no sale de una para meterse en otra.

Y no os falta parte de razón ya que durante el invierno los niños están siempre con mocos, os lo decimos por experiencia tanto profesional como personal, y tener que lidiar con el cuidado de un niño que está enfermo agota a cualquiera.

“Muy bien doctora, pero yo creo que a mi hijo le pasa algo y quiero que me mande algo para que no se contagie tanto…”

A medida que vayan pasando los meses y vuestros hijos se contagien de casi todo lo que ronde por la guardería, muchos de vosotros os preguntaréis si no será que todo esto se debe a alguna enfermedad de base o una carencia nutricional que predispone a vuestros hijos a caer enfermos.

Cierto es que estas enfermedades que predisponen a padecer infecciones existen pero son muy raras. Además de fiebre, mocos y tos, se acompañan de otros síntomas como perdida de peso, mal estado general, mala coloración de la piel. Son enfermedades  que requieren medidas especiales (empleo frecuente de antibióticos, ingresos hospitalarios…) para solucionar esas infecciones que en otros niños no son más que catarros que se solucionan solos…

Por eso es muy importante que en caso de duda consultéis con vuestro pediatra. Con una buena historia y una exploración física somos capaces de descartar la gran mayoría de esas enfermedades y deciros que lo que le pasa a vuestros hijos, en el caso de que caiga enfermo con frecuencia, es algo normal.

Por desgracia, no existe ninguna medicina que aumente las defensas de vuestros hijos y evite ese camino por el que la mayoría tienen que pasar. Seguro que habréis oído de boca de otros padres de la guardería o leído en otros sitios que tal complejo vitamínico va de maravilla o que la homeopatía es el complemento perfecto. Nada más lejos de la realidad. Ninguno de ellos ha demostrado ser eficaz para prevenir ningún tipo de infección y además no están exentos de efectos secundarios, así que mejor no os planteéis emplearlos en vuestros hijos. Por nuestra parte solo podemos recetaros paciencia.

En otras ocasiones, los padres acuden al pediatra sorprendidos por que el moco de sus hijos, que inicialmente era trasparente, se haya vuelto amarillo y luego verde, como soléis decir vosotros “con aspecto de infectado”. Como ya os contamos en otro post, el color verde del moco aparece porque las defensas del cuerpo están luchando contra el virus que lo provoca y no porque esté surgiendo una complicación. Así que de nuevo, paciencia…

¿Y qué puedo hacer yo como madre/padre para evitar que mi hijo se contagie tanto?

Como ya os hemos dicho, es prácticamente inevitable que vuestro hijo se contagie durante el primer año de guardería de un montón de enfermedades. Sin embargo, hay una serie de medidas que puedes aplicar para que se contagie lo menos posible:

  • Lava bien las manos, las tuyas y las de tus hijos, sobre todo después de limpiarle los mocos o cambiarle el pañal.
  • Utiliza pañuelos desechables para limpiar los mocos de los niños.
  • Enseña a los niños a taparse la boca con el codo al toser (nunca con las manos).
  • Limpia bien los chupetes o juguetes que haya llevado tu hijo al colegio para librarlos de babas ajenas.
  • Mientras tu hijo tenga fiebre es muy adecuado que se quede en casa descansando.
  • Respeta los periodos de exclusión escolar para que tu hijo no contagie a otros niños.
  • Vacuna a tu hijo, muchas de las enfermedades de las que nos protegen las vacunas son típicas de la infancia y es en las guarderías y en los colegios en donde se suelen contagiar los niños.

A medida que tu hijo se vaya haciendo mayor verás que es menos frecuente que caiga tantas veces enfermo. El segundo año de guardería es siempre mejor que el primero y el tercero ya os soléis olvidar de cómo se ponía un termómetro. Así que tened paciencia, el camino a recorrer es largo pero al final llega el verano y los mocos se van para dejarnos descansar durante un par de meses y volvernos a visitar con el inicio de un nuevo año escolar.

BONUS: el año pasado en Twitter relatamos minuto a minuto un episodio febril de uno de nuestros hijos. Sin querer dar lecciones nadie, os lo dejamos por aquí por si os apetece leerlo, quizá aprendáis algo de cómo se debe actuar ante la fiebre de un niño a través de la experiencia de un par de pediatras que también son padres.

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