El cansancio de los niños al final del verano

Se acerca el final del verano y algunos padres acudirán a las consultas de pediatría porque no ven “bien” a sus hijos y creen que están enfermos. A diferencia de lo que ellos esperarían tras un periodo vacacional de casi tres meses, encuentran muy cansados a sus hijos y, en muchos casos, presentan dificultades a la hora de conciliar el sueño o simplemente no rinden como sus progenitores esperarían.

Por fortuna, los pediatras conocemos de sobra esta situación y sabemos cómo actuar ante este tipo de “patología”. En este post te contamos los intringulis de por qué algunos niños están más cansados al acabar el verano.

Parte de este post ha sido elaborado con los datos de una encuesta que planteamos hace unos días en Twitter (puedes ver los resultados en este link) en la que participaron cerca de 2.000 personas.

“Al principio del verano mi hijo estaba a tope, pero desde hace unas semanas está cada vez más cansado e irritable…”

Esta frase suele ser lo primero que nos cuentan los padres al llegar a la consulta de pediatría, preocupados porque encuentran a sus hijos más cansados de lo que ellos esperarían tras el descanso de los meses de verano. Es un tipo de consulta que se repite año tras año en niños de todas las edades con un pico en aquellos en edad preescolar (de 2 a 6 años).

El relato de la historia de este cansancio suele ser siempre la mismo. Al inicio del verano los niños se encontraban espléndidos, con ganas de hacer de todo, con una energía descomunal. Estos niños eran capaces de realizar todas las actividades que los adultos les propusiéramos: piscina, campamentos de verano, largos paseos por la montaña, playa de sol a sol…

Los adultos sabemos que si ese ritmo nos lo aplicaramos a nosotros mismos tardaríamos una o dos semanas en caer rendidos y necesitaríamos varios días de descanso sin movernos del sofá para recuperarnos. Sin embargo, los niños son capaces de recuperarse con una siesta ligerita después de comer o un plácido sueño nocturno y continuar con ese ritmo agotador al que les hemos sometido para mantenerles entretenidos en verano.

Pero todo tiene un límite y ahí esta el quid de la cuestión.

La exigencia física de un niño tiene un límite

Como os decíamos, todos -adultos y niños- tenemos un límite en lo que al cansancio físico se refiere.

Los niños necesitan descansar para poder afrontar el día a día. A lo largo del año escolar, los padres tenemos muy interiorizado que los niños deben cumplir unos horarios para que las cosas vayan rodadas: por la tarde se juega hasta las 20.00h, luego el baño, cena a las 21.00h, cuentos varios a las 21.30h y a las 22.00h todos dormidos. Sin embargo, en verano somos más flexibles y solemos levantar la mano, en el fondo son vacaciones y hacemos excepciones.

Este plan “perfecto” que seguimos en época escolar (con las variaciones propias de la edad de vuestros hijos) se acopla a la exigencia física del niño en su día a día. Sabemos que si en la guardería o el colegio han tenido una clase de educación física y por la tarde han realizado una actividad extraescolar será más fácil dormirles por el cansancio que presentan. Si nos salimos de ese plan (cosa que suele ocurrir los fines de semana) la cosa se empieza a desmadrar y se traduce en niños cansados que no rinden como los padres esperan.

Durante el verano, los padres planeamos un montón de actividades que en algunas ocasiones acaban agotando las reservas de energía de nuestros hijos. Por fortuna, los niños tienen una alta capacidad de recuperación y aguantan lo que les echemos encima día tras día.

En la encuesta que os mencionábamos, en la que participaron cerca de 2.000 padres, muchos confesaban que la rutina de descanso de sus hijos durante el verano era diferente respecto al resto del año: niños que se acostaban más tarde por la noche (cerca del 90%), que se levantaban más tarde por las mañanas (entorno al 80%) y que además lo hacían sin un horario fijo (cerca del 90% de los encuestados respondió a esta pregunta de forma afirmativa) o niños que dormían más siesta de lo habitual (un 21%)…

Junto a esta alteración en las rutinas de descanso de nuestros hijos, según la encuesta, también se alteran tanto los horarios (67%) como la “calidad” de las comidas (45%). La comida es una rutina muy importante que si se pierde puede alterar los ritmos del día a día del niño. Por ello, estas variaciones respecto al resto del año influyen negativamente en el descanso de los niños.

El 15% de los padres encuentra a sus hijos más cansados que al inicio del verano

Estos datos vendrían a confirmar que esas rutinas se pierden en esta época del año, lo que al final se traduce en un tiempo de descanso inadecuado para los niños.

Además, tenemos que tener en cuenta que en verano hace calor, lo que convierte en más exigente cualquier actividad física que realicemos.

Pero todo tiene un límite. Hasta un 15% de los encuestados respondió que encontraba a sus hijos más cansados que al inicio del verano.

Con el paso de los días y las semanas los niños van acumulando cansancio y llega un momento en que no son capaces de recuperarse con el descanso que les proporciona la noche.

Esto se traduce en niños que duermen mal (uno de cada tres encuestados reconocía que les costaba más dormir a sus hijos que en otras épocas del año), que no realizan con alegría o energía las actividades del día a día, incluso niños que prefieren no hacer nada a salir a jugar un rato con los amigos. En los niños más pequeños estos síntomas se traducen en irritabilidad ante cualquier motivo con llantos y rabietas que antes no ocurrían, mientras que en los niños mayores podemos encontrar síntomas físicos como dolores de cabeza al caer la tarde.

Un dato llamativo de la encuesta fue que algo más del 50% de los padres se encontraban más cansados al final del verano. Has leído bien, los padres, no los hijos. Esto que parece la parte cómica de la encuesta tiene mucha importancia ya que un padre cansado es un padre con poco aguante y menos tolerante frente al cansancio de su propio hijo. Esto, a la postre, podría magnificar la percepción del cansancio de su propio hijo pudiendo ofrecerle una visión equivocada de que su hijo en vez de cansado se encuentra enfermo.

El cansancio no es una enfermedad

Volviendo al inicio de este post, con la llegada del final del verano, algunos padres de ese 15% que reconocía que sus hijos estaban más cansados al final del verano acudirá a la consulta del pediatra por si el cansancio se debe a alguna enfermedad.

Estos padres nos preguntan si no será por falta de hierro, si no le habrán bajado las defensas al crío o por si cupiera la posibilidad de que todo se debiera a una enfermedad grave que se esté manifestando con el cansancio como síntoma principal.

Sin embargo, el cansancio puro y duro no es una enfermedad. Las enfermedades que cuentan con el cansancio entre sus síntomas presentan además otras manifestaciones clínicas. Por eso, la historia clínica y la exploración física de estos niños es fundamental para comprobar que no se acompaña de otros síntomas como perdida de peso, mala coloración de piel o fiebre, los cuales apuntarían a otro tipo de enfermedades.

Los que tienes que tener claro es que si te preocupa la situación de tu hijo porque no le notas “bien” debes acudir a tu pediatra para que pueda comprobar si hay algo más detrás esa percepción tuya.

El único tratamiento para el cansancio es el descanso

Parece de perogrullo pero es así. Un niño cansado se recupera descansando.

Piensa que cuando tu hijo vuelva a las rutinas propias de la etapa escolar cogerá un ritmo al que su cuerpo se irá acoplando poco a poco y empezará a rendir al 100% al cabo de unas semanas. No en vano, muchos de los comentarios que surgieron a raíz de la encuesta mencionaban que los padres estaban deseando que empezaran las guarderías y colegios.

Quizá los primeros días de guardería o colegio sean duros y parecerá que ese cansancio se acentúa, pero veréis como en 15 o 20 días todo vuelve a la normalidad.

El pediatra prudente, y siempre que todo lo demás esté dentro de la normalidad, explicará a los padres la situación y les recomendará que esperen 2 o 3 semanas para ver si con la vuelta al cole el cansancio desaparece. Si pasado ese tiempo persiste el cansancio o han aparecido síntomas nuevos, estaría justificado emprender alguna exploración complementaria para descartar la presencia de alguna enfermedad concreta.

Lo que si es muy importante es que huyáis de supuestos tratamientos que sirven para mejorar el cansancio de vuestros hijos: complejos vitamínicos, homeopatía, infusiones de plantas… ninguno ha demostrado ser eficaz para mejorar el rendimiento físico de los niños. Además, estos “tratamientos” no están exentos de efectos secundarios por lo que mejor ni os los planteéis.


Por último, una reflexión. Si habéis entendido que el cansancio es algo “normal” en los niños al acabar el verano quizá nos debamos plantear el año que viene si debemos relajar la exigencia física a la que los sometemos durante esta época. Todos tenemos claro que las vacaciones son una época para que los niños disfruten y que hagan aquellas cosas que, en muchas ocasiones, en invierno les prohibimos, como acostarse tarde o dormir más siesta de lo habitual. Sin embargo, debemos conocer hasta qué punto podemos agotar a nuestros hijos con estos ritmos. Quizá sea mejor que los niños nos marquen el ritmo y no seamos los adultos los que impongamos unas actividades que al final acaban agotando a nuestros hijos.

Y vosotros, ¿cómo vivís el final del verano?, ¿están vuestros hijos más cansados de lo que esperábais?, ¿estáis realmente preocupados por si vuestros hijos están enfermos?.

NOTA: la encuesta a la que nos hemos referido a lo largo del post tiene muchos sesgos, es decir, incorrecciones metodologías que podrían dar lugar a resultados no fiables al 100%. En ningún caso hemos pretendido que tenga una alta calidad científica. Sin embargo, el tamaño muestral (cerca de 2.000 respuestas) nos genera una visión general que resulta creíble. Podéis consultar toda la encuesta siguiendo el hilo del enlace de aquí abajo y mil gracias a todos aquellos que colaboraron con la difusión así como a aquellos que decidieron contestarla:

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